¿QUÉ PASÓ CON LOS GIGANTES DESPUÉS DEL DILUVIO?

La Biblia menciona a los gigantes de manera breve, pero estratégica. No se trata de un detalle mitológico ni de un adorno narrativo. Cada vez que aparecen el texto bíblico los vincula con corrupción, violencia y ruptura del orden establecido por Dios. Por eso, cuando el relato del diluvio universal se presenta como un acto de juicio total, surge una pregunta inevitable.
Si el diluvio destruyó a toda la humanidad corrupta, ¿por qué los gigantes vuelven a aparecer después? Para comprender lo que ocurrió con los gigantes después del diluvio, es necesario volver al principio del problema, a los textos más antiguos de la escritura y al contexto espiritual que rodea los primeros capítulos del Génesis.
Solo así es posible entender por qué el diluvio no cerró completamente este capítulo oscuro de la historia humana. El primer pasaje clave se encuentra en Génesis capítulo 6. Allí se describe una humanidad que había llegado a un nivel extremo de corrupción. El texto no se limita a decir que los hombres pecaban. Afirma que toda intención de los pensamientos del corazón humano era de continuo solamente el mal.
En medio de esa descripción aparece una referencia inquietante. Los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas y tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Inmediatamente después, el texto añade una frase que ha generado debate durante siglos. Había gigantes en la tierra en aquellos días y también después.
Esta última expresión es fundamental. No solo afirma la existencia de gigantes antes del diluvio, sino que deja abierta la posibilidad de su presencia posterior. El término hebreo utilizado para gigantes es nefilim. Su raíz está relacionada con la idea de caer o hacer caer. No se trata simplemente de hombres altos.
El contexto sugiere seres que representan una desviación grave del diseño original de la creación. no aparecen como héroes admirables, sino como resultado de una transgresión. La narrativa bíblica conecta directamente la presencia de estos seres con la decisión divina de enviar el diluvio. El juicio no fue únicamente por la violencia humana, sino por una corrupción más profunda que afectaba la estructura misma de la humanidad.
El linaje humano creado a imagen de Dios estaba siendo alterado. El diluvio entonces no fue un castigo arbitrario, fue una intervención radical para preservar el propósito divino. Según el relato bíblico, solo Noé y su familia fueron hallados justos. El texto enfatiza que Noé era perfecto en sus generaciones.
Esta expresión no apunta a una perfección moral absoluta, sino a una integridad en su linaje. Su familia no había sido contaminada por esa corrupción descrita en Génesis 6. Con el diluvio, todo ser viviente que tenía aliento de vida sobre la faz de la tierra murió. La narración es contundente. A primera vista, parecería que los gigantes desaparecieron definitivamente en ese evento.
Sin embargo, el propio texto bíblico, siglos después vuelve a mencionar gigantes, lo que obliga a reconsiderar esa conclusión. Tras el diluvio, el relato bíblico continúa con la repoblación de la tierra a partir de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet. Las genealogías se detallan cuidadosamente, lo que indica la importancia del linaje en la teología bíblica.
No es una lista irrelevante, es una afirmación de continuidad y preservación. Pero al avanzar en la historia aparecen nuevamente referencias a pueblos descritos como gigantes. En la época de Abraham, varios grupos son mencionados como hombres de gran estatura y fuerza. Los refaítas, los emitas y los somsomeos aparecen como pueblos temidos asociados a territorios específicos.
Más adelante, cuando el pueblo de Israel se acerca a la tierra prometida, el tema reaparece con fuerza. Los espías enviados por Moisés regresan con un informe alarmante. Describen la tierra como buena, pero dicen que allí habitan gigantes descendientes de Anac. afirman que comparados con ellos se sentían como langostas. Este testimonio no es presentado como una exageración poética.
El texto lo trata como una percepción real que generó temor profundo en toda la comunidad. El miedo no surgió de la nada. Estaba basado en una memoria colectiva de pueblos considerados invencibles. Aquí surge una tensión evidente. Si los gigantes fueron destruidos en el diluvio, ¿cómo es posible que existan nuevamente generaciones después? La Biblia no ofrece una explicación directa en un solo versículo.
La respuesta debe construirse observando el conjunto del relato bíblico. Una posibilidad que surge del propio texto es que la corrupción que dio origen a los gigantes antes del diluvio no fue completamente erradicada en el ámbito espiritual, aunque sí en el físico. El diluvio destruyó cuerpos, pero no necesariamente anuló la capacidad de rebelión espiritual que había causado el problema.
La escritura presenta una distinción constante entre juicio físicoy consecuencias espirituales. El juicio de Dios es real y efectivo, pero no siempre elimina la posibilidad de que el mismo tipo de rebelión reaparezca bajo nuevas formas. Después del diluvio, la humanidad vuelve a multiplicarse. Con el tiempo se desarrollan civilizaciones, culturas y estructuras de poder.
La Biblia muestra que a medida que las naciones crecen, también crecen la violencia y la idolatría. En ese contexto reaparecen pueblos descritos no solo como grandes en estatura, sino como símbolos de oposición al plan de Dios. Los gigantes postdiluvianos no son presentados como simples curiosidades biológicas. Aparecen siempre en momentos clave de confrontación espiritual.
Están asociados a territorios que Israel debía conquistar, a desafíos que ponían a prueba la fe del pueblo y a enemigos que parecían humanamente imposibles de vencer. Esto sugiere que el problema de los gigantes no es únicamente físico, sino teológico. Representan una continuidad del conflicto entre el propósito divino y fuerzas que buscan corromperlo o impedirlo.
Uno de los ejemplos más claros es la figura de Goliat. Su descripción es detallada. Su estatura, su armadura, su fuerza y su arrogancia. No es solo un guerrero alto, es un símbolo de desafío directo al Dios de Israel. Sus palabras no se dirigen únicamente al ejército, sino al Dios que ellos representan. La reacción de David es reveladora.
No se enfoca en la estatura de Goliat, sino en su condición espiritual. lo describe como un incircunciso que ha desafiado al Dios viviente. El conflicto no es entre dos hombres, sino entre dos visiones del poder. El relato bíblico muestra que aunque los gigantes reaparecen después del diluvio, su destino es siempre el mismo, la derrota.
Ninguno de estos pueblos perdura indefinidamente. Son mencionados, enfrentados y finalmente eliminados del escenario histórico. Esto refuerza la idea de que su existencia tiene un propósito narrativo y teológico. No son un accidente, son una manifestación recurrente de un problema que Dios enfrenta y resuelve progresivamente a lo largo de la historia.
La pregunta entonces no es solo cómo reaparecieron los gigantes, sino por qué la Biblia se esfuerza en mostrar su eliminación gradual. La respuesta comienza a tomar forma cuando se observa que la promesa mesiánica depende de la preservación de una línea humana específica. Cualquier amenaza a esa línea debía ser enfrentada.
Al avanzar en el relato bíblico, queda claro que los gigantes posteriores al diluvio no aparecen de manera aleatoria. Cada mención ocurre en un contexto específico de confrontación, generalmente cuando el pueblo de Dios está a punto de cumplir una promesa decisiva. Esto no es accidental. En la narrativa bíblica, los gigantes funcionan como obstáculos estratégicos, no solo militares, sino espirituales.
Después de la salida de Egipto, Israel se encuentra frente a uno de los momentos más determinantes de su historia, la entrada a la tierra prometida. Es allí donde el tema de los gigantes alcanza su punto más crítico. El informe de los espías no se centra únicamente en murallas, ejércitos o recursos naturales.
El énfasis está en los hombres de gran estatura descritos como descendientes de Anac. La reacción del pueblo es inmediata. Miedo, desconfianza y rebelión. Este episodio revela algo fundamental. Los gigantes no solo representaban una amenaza física, eran un catalizador del temor que paralizaba la fe. El pueblo había visto milagros, había presenciado el poder de Dios, pero la presencia de estos pueblos fue suficiente para hacerlos dudar de la promesa divina.
La Biblia muestra que ese temor tuvo consecuencias graves. Aquella generación no entró en la tierra prometida, murió en el desierto. Los gigantes, en ese sentido, se convierten en una prueba espiritual. No vencieron a Israel con armas, sino con intimidación. 40 años después, la historia toma un rumbo distinto.
Una nueva generación cruza el Jordán bajo el liderazgo de Josué. A diferencia de sus padres, enfrentan directamente a los pueblos que habitan la tierra. Entre ellos se encuentran grupos identificados como gigantes o descendientes de gigantes. La conquista no ocurre de manera instantánea ni uniforme. Es progresiva, ciudad por ciudad, territorio por territorio.
Los pueblos son derrotados. La Biblia señala explícitamente que los anaseos fueron eliminados de las montañas, salvo en algunas ciudades filisteas como Gasa, Gat y Asdod. Esta observación es clave porque conecta directamente con eventos posteriores. Siglos después, en la época de los jueces y los reyes, reaparece el tema de los gigantes en esas mismas regiones.
Goliat, originario de Gat, no surge de un vacío histórico. Es parte de un remanente que sobrevivió en zonas no completamente conquistadas. Esto revela un patrón consistente. Cada vez que el pueblo de Dios no completa la tarea que se le encomienda, el problemareaparece. Los gigantes no resurgen porque Dios falla, sino porque la obediencia humana es parcial.
Sin embargo, el relato bíblico también muestra que la eliminación de estos pueblos no depende exclusivamente de campañas militares masivas. En muchos casos ocurre a través de enfrentamientos puntuales donde el énfasis no está en la fuerza humana, sino en la intervención divina. El caso de David y Goliat es el ejemplo más emblemático.
El texto bíblico dedica una atención extraordinaria a este episodio, no por el tamaño del enemigo, sino por lo que representa. Goliat desafía al ejército de Israel, desafía al Dios de Israel. Su discurso está cargado de arrogancia y desprecio espiritual. David, en contraste, no se presenta como un guerrero experimentado.
Su confianza no está en su habilidad, sino en la historia de fidelidad de Dios. Él entiende que el conflicto no es nuevo. Es la continuación de una lucha que viene desde los primeros capítulos del Génesis. Cuando Goliat cae, el mensaje es claro. La amenaza que parecía invencible es derrotada sin recurrir a los métodos tradicionales de guerra.
Esto no es solo una victoria militar, es una afirmación teológica. El poder que dio origen a estos gigantes no tiene la última palabra. La Biblia registra otros enfrentamientos similares. Se mencionan hombres de gran estatura, con múltiples dedos en manos y pies. descendientes de los refaítas que son derrotados por los guerreros de David.
Estos detalles no son decorativos. Subrayan que se trata de un linaje específico, distinto, que llega a su fin de manera sistemática. A partir de ese punto, las referencias a gigantes desaparecen del relato bíblico histórico. No vuelven a aparecer como pueblos organizados ni como amenazas reales.
Esto indica que el problema fue resuelto dentro del marco de la historia bíblica. Pero aún queda una pregunta más profunda. ¿Qué significado tiene todo esto dentro del mensaje general de la Biblia? Desde una perspectiva bíblica, los gigantes representan una corrupción que va más allá del pecado individual. Son el símbolo de una humanidad alterada, desviada de su propósito original.
Por eso, su aparición está ligada a momentos de juicio y su eliminación a momentos de restauración. El diluvio fue el primer gran acto de purificación. no eliminó toda posibilidad de rebelión, pero estableció un límite claro. A partir de entonces, cualquier manifestación similar sería enfrentada y eliminada progresivamente.
La narrativa bíblica no presenta a los gigantes como mitos ni como simples leyendas antiguas. Los integra en la historia de manera sobria, sin exageraciones, pero con una carga simbólica profunda. Son una advertencia constante sobre las consecuencias de cruzar límites establecidos por Dios. Al mismo tiempo, su desaparición progresiva refuerza uno de los temas centrales de la Biblia, la preservación del linaje humano a través del cual vendría el Mesías.
Cualquier amenaza a esa línea debía ser neutralizada, no por temor, sino por fidelidad al propósito divino. Es significativo que una vez consolidada la monarquía y asegurada la continuidad del pueblo de Israel, el tema de los gigantes deje de ser relevante. El conflicto principal se desplaza hacia otros ámbitos, la idolatría, la injusticia social, la infidelidad espiritual.
Esto no significa que el problema desaparezca por completo, sino que cambia de forma. La Biblia muestra que la verdadera batalla no es contra carne ni sangre, sino contra fuerzas espirituales que operan en distintos niveles de la historia humana. Desde esta perspectiva, los gigantes no son el centro del mensaje bíblico, sino un elemento que ayuda a entender la gravedad del conflicto espiritual en los primeros tiempos.
Su historia sirve como marco para comprender por qué Dios actúa con firmeza y por qué ciertas decisiones divinas parecen extremas. El diluvio, las conquistas, los enfrentamientos individuales y la desaparición final de los gigantes forman parte de una misma narrativa. La restauración del orden creado no es una historia de exterminio arbitrario, sino de corrección de una desviación profunda.
Al final, la Biblia no deja al lector con misterio sin sentido, deja una lección clara. Ninguna fuerza que se oponga al propósito de Dios, por poderosa que parezca, puede sostenerse indefinidamente. Los gigantes, que una vez dominaron regiones enteras y sembraron terror, desaparecen sin dejar herederos. Lo que permanece no es su legado, sino el testimonio de que el plan divino avanza incluso cuando parece amenazado.
La historia de los gigantes después del diluvio no es una historia de supervivencia, sino de extinción controlada. Y en ese sentido, la pregunta inicial encuentra su respuesta final. Los gigantes no marcaron el futuro de la humanidad. Fueron un episodio oscuro, real y significativo, pero limitado. La historia bíblica continúa, no con ellos, sino a pesar de ellos.
Con sudesaparición se cierra uno de los capítulos más inquietantes de la escritura y se reafirma una verdad central. El propósito de Dios no puede ser corrompido de manera permanente.
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