La MADRE más MALVADA de LATINOAMÉRICA – El CASO de Yenny Higuera

La mañana del 3 de abril de 2022 comenzó como cualquier otra en una playa del Caribe colombiano. El mar estaba tranquilo, el sol apenas salía y algunos pescadores caminaban por la orilla preparando su jornada, pero esa calma se rompió de golpe cuando uno de ellos vio algo entre la arena y las olas, el cuerpo de un bebé.
En cuestión de minutos, la playa se llenó de policías para médicos e investigadores tratando de entender lo que había ocurrido. Nadie sabía que era un niño ni cómo había llegado hasta ese lugar. Pero pronto descubrirían algo todavía más perturbador. La persona que había estado con él en sus últimos momentos no era un desconocido.
Si quieres saber todo lo que sucedió, quédate hasta el final del video. El caso de Samuel Guerrero. Hola a todos. Tres veces por semana en este canal te traeremos los crímenes que han impactado a todo el mundo, desde los más terribles asesinatos, injusticia, impunidad, corrupción y las más duras sentencias serán los acompañamientos de estas historias.
Antes de comenzar con el relato, te pido que te suscribas y actives la campanita con todas las notificaciones. Tampoco olvides dejar tu like, ya que de esa manera podremos seguir creando contenido. Sin nada más que decir, analicemos juntos todos los detalles de esta historia criminal. La mañana del 3 de abril de 2022 comenzó como cualquier otra en las playas de Buritaca en Santa Marta, Colombia.
El sol apenas empezaba a levantarse y el mar estaba tranquilo. A esa hora el lugar suele estar casi vacío. Solo algunos pescadores madrugan para comenzar su jornada mientras el resto del mundo todavía duerme. Esa mañana todo parecía normal, pero esa calma duró muy poco. Uno de los pescadores caminaba por la orilla cuando vio algo extraño entre la arena húmeda y el agua que retrocedía con cada ola.
Al principio pensó que se trataba de algún objeto arrastrado por el mar. En ese momento incluso pensó que tal vez era basura. Pero al acercarse unos pasos más se dio cuenta de que aquello no era basura, era el cuerpo de un bebé. El hombre quedó paralizado. El niño estaba tendido en la arena, pequeño, inmóvil.
No reaccionaba, no lloraba, no respiraba. Durante unos segundos nadie supo qué hacer. Luego comenzaron los gritos, las llamadas de auxilio, la desesperación. En cuestión de minutos, la playa que hacía un momento estaba vacía, empezó a llenarse de autoridades. Policía, paramédicos e investigadores acordonaron la zona mientras intentaban entender lo que había ocurrido.
Frente a ellos había una escena imposible de ignorar. Un bebé de apenas meses de vida encontrado sin vida en la orilla del mar. La pregunta era inmediata y perturbadora. ¿Cómo había llegado un niño tan pequeño hasta ese lugar? Porque un bebé no llega solo a una playa. Alguien tuvo que llevarlo hasta allí y ese alguien sabía exactamente lo que había pasado.
En las primeras horas de la investigación, los agentes se enfrentaban a un problema evidente. Nadie sabía quién era el bebé. No había familiares en la playa preguntando por un niño perdido. Tampoco existía, al menos en ese momento, ningún reporte reciente de un menor desaparecido en la zona. Los investigadores comenzaron a trabajar con rapidez.
Tomaron fotografías, revisaron la zona en busca de cualquier objeto que pudiera dar una pista y trasladaron el cuerpo para realizar la autopsia correspondiente. Al mismo tiempo, las autoridades empezaron a difundir la imagen del niño entre medios locales y estaciones de policías cercanas. Pasaron algunas horas hasta que finalmente llegó la respuesta.
El bebé fue identificado como Samuel Guerrero, un niño de apenas 15 meses de edad. La información condujo rápidamente a su madre, una mujer de 30 años llamada Jenny Alexandra Higuera. Con esa identificación, el caso dejó de ser un misterio absoluto. Ahora había un nombre, una familia, un punto de partida para la investigación que no empezó como ellos esperaban.
Y es que cuando los investigadores contactaron a Jenny, la madre de Samuel, esperaban encontrar a una mujer desesperada, una madre en shock, buscando respuestas sobre la muerte de su hijo. Pero desde el inicio, algo en la situación llamó la atención de las autoridades. Jenny tenía una explicación. Según su versión, todo había sido un trágico accidente.
Dijo que había llevado a Samuel a la playa esa mañana, que estaban cerca del agua pasando un rato juntos. En algún momento, una ola lo habría arrastrado. Ella aseguró que trató de salvarlo, pero que no pudo hacerlo a tiempo. En principio, la historia podía parecer plausible. Accidentes en el mar ocurren con frecuencia, especialmente cuando se trata de niños pequeños.
Pero los investigadores comenzaron a notar detalles que no encajaban. Algunas partes de su relato parecían confusas, otras cambiaban ligeramente cada vez que repetía la historia. Había momentos del día que no quedaban claros y preguntas simples que no tenían una respuesta convincente. No era suficiente para acusarla de nada todavía, pero sí era suficiente para despertar sospechas.
Por eso, mientras Jenny insistía en que todo había sido un accidente, los investigadores decidieron esperar los resultados de la autopsia. Ese informe sería clave para entender que había ocurrido realmente en el agua aquella mañana. Y cuando finalmente llegó, cambió completamente el rumbo del caso.
El resultado confirmó que Samuel murió por asfixia por su mersión, es decir, se ahogó. Pero el informe no terminó ahí. Los especialistas comenzaron a analizar con más detalle las señales que presentaba el cuerpo. Cuando una persona se ahoga accidentalmente, suelen aparecer ciertos indicios físicos asociados al pánico y al intento desesperado por respirar.
Sin embargo, en el caso de Samuel había características que no encajaban con un accidente típico. Los forenses concluyeron que existían señales compatibles con una summersión forzada. En términos simples, el informe sugería que el niño había sido mantenido bajo el agua de manera intencional el tiempo suficiente para impedirle respirar.
No se trataba de una ola inesperada ni de un descuido momentáneo. Para los investigadores, aquello cambió todo. La muerte de Samuel dejaba de ser una tragedia accidental para convertirse en algo mucho más grave, un posible homicidio. Y si alguien había estado con el niño en sus últimos momentos, esa persona se convertía automáticamente en el centro de la investigación y la última persona que había estado con él era su propia madre.
Pero para entender qué pudo haber ocurrido, los investigadores comenzaron a mirar más cerca la vida de Jenny, quien a primera vista no parecía encajar con el perfil de alguien capaz de cometer un crimen así. Jenny tenía 30 años al momento de los hechos y trabajaba como enfermera. Era una profesional de la salud, alguien cuyo trabajo consistía precisamente en cuidar de otras personas.
Tenía un empleo estable y desde fuera su vida parecía relativamente normal. Pero cuando los investigadores comenzaron a hablar con personas de su entorno, empezó a aparecer una imagen más compleja. No existe mucha información pública sobre la mujer, pero se sabe que en algún momento de su vida conoció a un hombre llamado Edwin Guerrero y que inició una relación sentimental con él.
Producto de esto, Samuel había nacido en enero de 2021 y si bien al inicio las cosas iban bien, la pareja nunca llegó a establecer una vida en común estable. vivían separados y el cuidado del niño se manejaba de forma informal, alternando periodos con cada uno. Ese arreglo, lejos de traer calma, generaba discusiones frecuentes y tensiones constantes entre ambos.
Samuel pasaba tiempo con los dos, pero no existía una estructura clara sobre quién debía cuidarlo o cuándo. Ese tipo de dinámica generaba fricciones frecuentes. Con el tiempo, Edwin comenzó a notar que Jenny a veces parecía ansiosa por entregarle al niño cuando él iba a recogerlo. En varias ocasiones le pidió que se quedara con Samuel más tiempo del acordado.
En ese momento, Edwin pensó que simplemente estaba cansada o que necesitaba ayuda, pero mirando atrás, esas situaciones empezaron a adquirir otro significado. También estaban las discusiones por dinero. Edwin contribuía económicamente para el cuidado del niño, pero Jenny sostenía que no era suficiente. Las discusiones sobre gastos, responsabilidades y la crianza de Samuel se volvieron cada vez más frecuentes.
Además, compañeros de trabajo dijeron que Jenny solía ser responsable y competente en el hospital. Sin embargo, en los meses previos a la muerte de Samuel, algunos habían notado cambios en su comportamiento. A veces parecía distraída, llegaba tarde al trabajo o cometía pequeños errores que antes no eran comunes en ella.
Cuando le preguntaban si todo estaba bien, Jenny siempre respondía lo mismo, que estaba cansada, que tenía mucho estrés. Sus amigos también recordaban comentarios similares. Después del nacimiento de Samuel decían, “Jenny parecía cada vez más agotada.” A veces hablaba del peso de la maternidad, de cómo su vida había cambiado por completo y de lo difícil que era lidiar con todas las responsabilidades.
En ese momento, muchos pensaron que era algo normal. La maternidad puede ser abrumadora, especialmente para una madre primeriza. Pero con el paso del tiempo y a medida que la investigación avanzaba, esas conversaciones comenzaron a verse bajo una luz muy diferente. ¿Qué más Jenny con Evin? Hola. Que yo la llamaba para ver si yo mañana puedo pasar por el niño prueba la solamente por vuelta.
No me deja ver el niño mañana. No, si usted se le queda ahí siguen las amenazas. Pero, ¿cuál amenaza? Pero, ¿en qué momento lo estoy amenazando? La verdad estoy muy mal ahorita. Mientras la investigación avanzaba, los agentes obtuvieron una orden para analizar el teléfono móvil de Jenny. En casos como este, el historial digital suele revelar detalles importantes.
Los mensajes, redes sociales o búsquedas en internet pueden convertirse en una pieza clave y en este caso lo fue. Al revisar su historia de navegación, los investigadores encontraron una serie de búsquedas realizadas en los días previos a la muerte de Samuel. No eran consultas cualquiera, todas giraban alrededor de un mismo tema y todas resultaban profundamente inquietantes.
Entre ellas había preguntas como, “¿Cuánto tiempo tarda un niño en ahogarse? ¿Cuáles son los signos de un ahogamiento? ¿Y cómo se puede determinar si una muerte por su mersión fue accidental o intencional? También aparecían búsquedas sobre playa solitaria cerca de Santa Marta. Para los investigadores, aquello fue un punto de inflexión, porque estas búsquedas no parecían el comportamiento de alguien que había sufrido un accidente inesperado, más bien sugerían preparación, como si alguien estuviera investigando con anticipación algo que
planeaba hacer. Bueno, mi nombre es Ed Guerrero. Estoy hoy primero de abril de 2022 recogiendo a mi hijo Edwin Samuel. De acuerdo con lo que la comisaría de K me autoriza como padre sobre mí. Yo vengo a recoger a Samuel. Pues el no está por culpa suya. Si no aparecen 72 horas la van a buscar. que si a le pasa algo, entonces que usted no hay una orden directamente por comisaría de familia tiene permiso desde los niño puede ir allá esa comisaría no está su hijo acá así de sencillo.
Antes de seguir, si el video te está gustando, suscríbete y deja tu me gusta. Con eso nos ayudas muchísimo. Ahora sí, continuemos. Con esa información, la hipótesis de un accidente empezó a derrumbarse por completo. Ahora, los investigadores tenían un nuevo escenario en mente, que lo ocurrido en la playa aquella mañana no había sido un momento de pánico, sino algo que podría haber sido planeado días antes.
Y si eso era cierto, entonces quedaba una pregunta todavía más perturbadora. ¿Qué había pasado exactamente la mañana del 3 de abril de 2022 en la playa? Según los registros obtenidos durante la investigación, Jenny se levantó temprano ese día. Samuel estaba con ella ese fin de semana, lo visitó con ropa ligera, le dio algo de comer y lo subió al coche poco después del amanecer.
Cámaras de tráfico y testimonios de vecinos ayudaron a establecer una línea de tiempo. Alrededor de las 6:15 de la mañana, Jenny salió de su vivienda y comenzó a conducir hacia el norte en dirección a una zona de playa ubicada a unos 40 minutos de Santa Marta. No era un lugar elegido al azar. Esa playa es conocida por ser una zona amplia y relativamente tranquila, especialmente a primera hora del día.
A esa hora, antes de que lleguen turistas o visitantes, el lugar suele estar prácticamente vacío. Los investigadores creen que Jenny llegó cerca de las 7 de la mañana, estacionó el vehículo en una zona apartada y caminó hacia el agua con Samuel en brazos. A partir de ese punto, la reconstrucción se basa en el análisis forense y en la evidencia recopilada durante la investigación.
Según esa reconstrucción, madre e hijo entraron al mar. En algún momento dentro del agua, el niño fue sumergido y mantenido bajo el agua durante varios minutos. Después de eso, Jenny salió del agua. No pidió ayuda, no alertó a nadie, ni llamó a emergencias. Simplemente regresó a su coche y se marchó del lugar, dejando atrás el cuerpo de Samuel en el mar, donde más tarde las corrientes lo arrastrarían hasta la orilla, el mismo lugar donde horas después sería encontrado por el pescador.
Con toda esa información, el 15 de abril de 2022, casi dos semanas después de la muerte de Samuel, Jenny fue formalmente acusada de homicidio agravado. El cargo era especialmente grave por varias razones. La víctima era un menor de edad, se trataba de su propio hijo y existían indicios de premeditación. Ese mismo día fue arrestada y enviada a detención preventiva mientras avanzaba el proceso judicial.
Para el padre del niño Edwin, ese momento representaba el inicio de algo que llevaba esperando desde que supo lo que había ocurrido. Justicia para su hijo. Pero el proceso no avanzó como muchos esperaban. Las audiencias comenzaron a aplazarse una tras otra. Procedimientos legales, cambios de fecha, cuestiones administrativas, meses que se convertían en más meses.
El caso seguía abierto, pero el juicio no terminaba de empezar. Mientras tanto, Jenny permanecía en detención preventiva esperando ser juzgada. En muchos sistemas judiciales existe un límite para este tiempo de detenciones. La ley establece que una persona no puede permanecer encarcelada indefinidamente sin una sentencia.
Si el proceso tarda demasiado en avanzar, puede producirse lo que se conoce como vencimiento de términos. Y con el paso del tiempo, esa posibilidad empezó a convertirse en una amenaza real detrás del caso. Al final, el 17 de junio de 2024, por vencimiento de términos, la mujer salió de prisión y esperó el juicio en prisión domiciliar.
Después de años de retrasos y aplazamientos, el juicio finalmente llegó. Para entonces habían pasado casi 3 años desde la muerte de Samuel y la presión pública alrededor del caso era enorme. Durante el proceso, la Fiscalía presentó una reconstrucción detallada de lo ocurrido. Mostraron el informe completo de la autopsia, los registros del teléfono con las búsquedas realizadas días antes del crimen, las cámaras que confirmaban el trayecto hacia la playa y los testimonios de investigadores y personas cercanas a Jenny.
Por su parte, la defensa intentó presentar una explicación diferente. Argumentaron que Jenny podría haber sufrido depresión postparto severa o algún tipo de crisis mental en el momento de los hechos. Incluso llevaron especialistas que hablaron sobre la posibilidad de un estado psicológico alterado.
Pero la fiscalía respondió con una pregunta clave. Si todo había sido un episodio fuera de control, ¿cómo explicar las búsquedas previas? la elección de una playa aislada y la forma en que el hecho ocurrió. Tras semanas de testimonios y argumentos, llegó el momento del veredicto. El tribunal declaró a Jenny Higuera culpable de homicidio agravado por la muerte de su hijo.
Poco después se anunció la sentencia. 36 años de prisión. Para Edwin, aquel momento representaba algo que había esperado durante años. Después de tanto tiempo, finalmente había una condena, finalmente había una respuesta del sistema judicial, pero lo que ocurrió inmediatamente después convertiría el caso en algo todavía más sorprendente.
Después de una sentencia como esa, el procedimiento es claro. La persona condenada debe ser puesta bajo custodia y trasladada nuevamente a prisión. Es un proceso que ocurre todos los días en los tribunales, pero esta vez algo salió mal. En algún momento entre la lectura de la sentencia y el momento en que debía ser trasladada, Jenny desapareció.
Cuando las autoridades intentaron ubicarla para llevarla al vehículo de traslado, ya no estaba. No quedó claro exactamente qué ocurrió. Algunos hablaron de fallos en los protocolos de custodia, otros sugirieron que pudo haber aprovechado un momento de descuido para escapar e incluso sugirieron teorías sobre la posibilidad de que alguien la estuviera esperando.
Lo único seguro era que la mujer había logrado escapar. Las autoridades emitieron de inmediato una orden de captura. Su fotografía comenzó a circular en medios de comunicación, terminales de transporte y puestos fronterizos. Incluso se activaron alertas internacionales para tratar de localizarla, pero los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses.
Algunas hipótesis apuntan que pudo haber salido del país por una frontera irregular. Otras sugieren que podría estar escondida en alguna región remota o viviendo bajo una identidad diferente en alguna ciudad grande. Finalmente, las autoridades lograron encontrarla. Meses después de la condena, Jenny fue capturada en Bogotá.
Con su arresto, el proceso que había comenzado años atrás con el hallazgo del pequeño Samuel en una playa llegaba, al menos judicialmente, a su último capítulo. Después de años de retrasos, polémicas legales y una liberación que indignó a buena parte del país, la mujer condenada por la muerte del niño fue finalmente enviada a prisión para cumplir su sentencia.
La muerte de Samuel no solo expone un crimen estremecedor, también revela las fallas de un sistema que durante años permitió que el proceso avanzara con lentitud mientras la indignación pública crecía. La liberación por vencimiento de términos y los retrasos judiciales dejaron una sensación incómoda.
Incluso en casos donde las pruebas parecen claras, la justicia puede tardar demasiado en llegar. Al final hubo una condena de 36 años de prisión, pero ninguna sentencia puede cambiar lo esencial. Un niño de 15 meses perdió la vida de una forma brutal y mientras el sistema discutía procedimientos, plazos y audiencias, la familia de la víctima tuvo que esperar años para ver un resultado que debió haber llegado mucho antes.
Este caso deja una pregunta difícil, no solo cómo pudo ocurrir un crimen así, sino por qué la respuesta institucional fue tan lenta frente a la muerte de un niño porque cuando la justicia tarda demasiado, el daño no se limita al crimen inicial, también se extiende a la confianza en las instituciones que deberían proteger a los más vulnerables.
Y bueno, querido espectador, aquí termina la historia criminal del día de hoy. Me interesaría mucho saber tu opinión, así que te pido que la dejes en los comentarios del vídeo. Siempre con respeto a la víctima y su familia. Podemos debatir, pero siempre con el respeto que todos merecemos. De nuevo, te recuerdo que te suscribas y dejes un like para dejarme saber que mi trabajo es de tu agrado.
Buenas noches, hasta la próxima. Historia criminal.
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